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Pasé 3 meses con un móvil de teclas: mi experimento completo

Verano de 2023, dos TFGs y un Energizer de 50 €: cómo cambiaron mi atención, mis hábitos y mis notas tras tres meses con un dumbphone. El FOMO tampoco apareció.

💡 En el verano de 2023 tenía dos TFGs por delante y un problema: ¿de dónde saco las horas? La respuesta fue una piedra. Compré un dumbphone (un Energizer de 50 €) y pasé tres meses con él. Resultado: recuperé dos horas al día, saqué un 9 en cada TFG y leí y medité más.

El vídeo

Pasé 3 meses con un móvil de teclas | Minimalismo digital

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El problema real: necesito horas debajo de las piedras

En el verano de 2023 tenía que hacer dos TFGs, uno de informática y otro de ADE, y quería pasar un verano que no fuera una mierda. La pregunta era: ¿de dónde saco las horas y las fuerzas para sacar adelante los dos TFGs en solo 3 meses?

La respuesta: una piedra. Compré un dumbphone, un Energizer de 50€, y pasé tres meses con él. Antes, una idea clave para entenderlo: la productividad va por épocas y es una navaja suiza. Tienes que conocerte para saber cuándo apretar. Es lo que se llama la teoría de los fogones: en una cocina de gas no puedes poner todos los fuegos a tope; si subes uno, bajas otro. El equilibrio no consiste en poner todos los fuegos al máximo, sino en saber cuándo toca apretar en cada ámbito de tu vida, ya sea el laboral, el educativo o el familiar, y cuándo parar. Ese verano tocaba apretar en lo académico, y así lo hicimos.

Lo que pasó durante esos tres meses

Estaba más en el presente

El smartphone nos invita a hacer scroll cada vez que tenemos un rato vacío o ganas de evadirnos. Con este móvil, esas distracciones desaparecen. Es una de las claves del trabajo profundo: no usar el móvil cuando no toca, que es la mayor parte del tiempo. Si te encuentras mal o estás vago, con un smartphone te evades; con este, no puedes.

Mejoraron mis hábitos

Recuerdo que meditaba mucho más y leía muchísimo más. Cuando quería evadirme, lo único que tenía era el Snake. Llegué a los 70 puntos y ya está: poco abanico de diversión. Con un libro siempre a mano, acabé cogiendo el hábito de leer en cada tiempo muerto.

Gané dos horas al día

Efectivamente, mi tiempo de uso cayó en picado. El día que más lo usé, le dediqué 20 minutos, y ojo, porque este móvil tenía WhatsApp (funcionaba con KaiOS). Recuperé dos horas al día para hacer los TFGs, salir con amigos y divertirme.

Saqué los dos TFGs y los disfruté

Un 9 en cada uno. Fue un éxito, pero lo que más valoro es cómo recuerdo esa época: con felicidad. Estaba muy enfocado, casi siempre en flujo, y me despertaba con energía para trabajar toda la mañana. Estoy seguro de que con el smartphone me habría distraído. Con el móvil de teclas, me despertaba con un único objetivo en mente.

Gané un hábito para siempre (y un amigo)

Cuando pruebas a vivir sin smartphone, entiendes mejor tanto lo que ganas al dejarlo como las ventajas que todavía tiene. Hoy llevo siempre conmigo el smartphone como una herramienta de productividad más. Cada mañana me pregunto qué móvil necesito: si voy a usar Google Maps, hacer fotos o ver vídeos, elijo el smartphone. Si me voy de ruta y quiero estar 100 % en el presente, me llevo el de teclas. Uso dos SIM (una principal y otra secundaria) y puedo llamar con cualquiera sin andar cambiándolas de sitio.

El FOMO: no me pasó nada

Sabía que iba a enfrentarme al miedo a perderme cosas, el FOMO, del que se habla mucho. Pero ya había pasado muchísimo tiempo en Instagram y tenía clara una cosa: no te pierdes nada. Si pasaba algo importante, la gente me llamaba. Si tenía que enterarme de algo, me enteraba. KaiOS soportaba WhatsApp, así que esa comunicación mínima era suficiente. Además, como había que escribir cada mensaje con las teclas, tampoco me quedaba pegado al chat.

(Matiz actual: KaiOS ya no soporta WhatsApp. Si quieres hacer hoy la transición, hay móviles pequeños con Android, incluidos algunos modelos tipo flip, que cumplen la misma función de «móvil de transición».)

Y la parte que menos esperaba: era un imán de conversaciones

Era un móvil que llamaba mucho la atención. En fiestas y en sitios donde casi nadie se conocía, acababa convirtiéndose en tema de conversación. Nos hacíamos fotos con él (salían divertidísimas) y me preguntaban por qué lo llevaba, si me ayudaba a concentrarme y cómo me iba con los dos TFGs. Fíjate en el patrón: la gente que más se interesaba era gente con la que merecía la pena hablar. Es como llevar un buen reloj: quien te pregunta por él y se queda a conversar suele ser alguien con quien merece la pena hablar.

¿Es demasiado para ti?

He hecho también una guia para reducir uso del smartphone sin tener que cambiar de móvil: método anti-móvil.

Conclusión

Te animo a probar un móvil de estas características. Te va a abrir la mente: verás que se puede vivir perfectamente sin smartphone y más allá de su mundo. Y probablemente acabes como yo, con dos móviles y la posibilidad de elegir cada día cuál necesitas. De eso se trata: elegir, sacar tiempo, concentrarte y no ser un macaco de las redes sociales.

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